El fotón — una partícula de luz
Un fotón es la «porción» más pequeña de luz. No tiene masa, así que no puede quedarse quieto: siempre vuela a la velocidad máxima del Universo — 300 000 km/s.
Mientras vuela, el fotón se comporta como una onda y puede «probar» varios caminos a la vez. Pero cuando un aparato lo atrapa — siempre hace clic como una partícula entera, nunca media.
Y lo más extraño: a lo largo del camino de un fotón su tiempo propio es cero. La luz vuela exactamente por la frontera que separa lo posible de lo imposible. Eso la convierte en el mejor instrumento para sondear cómo funciona el tiempo.
Fuente → espejo → de vuelta
Un átomo suelta un fotón. El fotón vuela hasta un espejo y regresa. La pregunta: ¿sentirá el átomo el espejo por adelantado — o solo cuando la luz vuelva físicamente? Lanza el fotón y observa el átomo.
La elección retardada de Wheeler
Al fotón se le dan dos caminos. Y cómo medirlo se decide solo después de que entró en el montaje. Cambia el modo de medición y mira qué muestra la pantalla.
El futuro clasifica el pasado. Pero no lo reescribe
En el experimento del «borrador cuántico» (Kim et al., 2000) un fotón del par entrelazado se registra pronto, y su «compañero» se mide después — y la medición tardía decide si conservar o borrar la información del camino.
Si luego clasificas los datos antiguos por los resultados de la medición tardía — en unas pilas aparecen franjas y en otras no. Parece magia: el futuro «pintó» el pasado.
Pero lo clave: el registro temprano en su conjunto es uno y el mismo para cualquier elección tardía. Las franjas y «antifranjas» se cancelan en la suma. Ni un píxel del pasado se reescribe — la medición tardía solo sugirió cómo repartir la vieja baraja en pilas con sentido.